EL CINE EN MENGÍBAR

EL CINE EN MENGÍBAR

Con esta publicación inauguramos la colaboración con D. Sebastián Barahona Vallecillo, cronista oficial de Mengíbar.
El título original es: El cinematógrafo de Mengíbar. Las fotografías pertenecen al archivo de D. Sebastián Barahona Vallecillo.

 

EL CINE EN MENGÍBAR

La industria cinematográfica, que nació a principios del siglo XX y que tuvo un gran desarrollo en Mengíbar, especialmente, en la década de los años sesenta del citado siglo, prácticamente, ha pasado a la historia, pues unos años después las siete salas de proyección existentes en la localidad cerraron para siempre, pues en la actualidad sólo una permanece en pie, aunque cerrada, quizás para siempre. Hoy seguimos viendo cine en Mengíbar, pero a través de las pantallas de televisión.
Este trabajo pretende acercar a los mengibareños a la historia del cine en Mengíbar en el pasado siglo XX, tratando de demostrar que tuvo gran importancia y merece ser conocida por los mengibareños

INTRODUCCIÓN HISTÓRICA DEL CINEMATÓGRAFO

Está suficientemente probado que el cinematógrafo nació en París, más concretamente, el 28 de diciembre de 1895, en el Salón Indio del Gran Café, en el bulevar de los Capuchinos. Fueron creadores del genial y revolucionario invento los Hermanos Louis y Auguste Lumière, tras idear un sistema de arrastre de la película.
La primera proyección consistió en diez cortas cintas, de 16 metros cada una, cuyo títulos han pasado a la historia: “La salida de los obreros de la fábrica Lumière”, “Riña de niños”, “La Fuente de las Tullerías”, “La llegada del tren”, “El Regimiento”, “El herrero”, “La partida de naipes”, “Destrucción de las malas hierbas”, “Derribo de un muro” y “El mar”. A la primera proyección de las películas anteriores asistieron 35 personas que abonaron un franco de entrada, por lo que la recaudación fue de 35 francos.
Aquella primera proyección de París alcanzó un gran éxito, por lo que los Hermanos Lumière abrieron otras salas de proyección, no sólo en Francia, sino también en el extranjero. Así, el 17 de febrero de 1896, las proyecciones se hacían en Londres, el 22 de ese mismo mes y año, en Bruselas, Berlín y Nueva York, y llegan también a Madrid, tres meses después, o sea, en mayo de 1896, cuando Lumière envía a Promio a la capital de España y ofrece las primeras vistas animadas que podían ser proyectadas ante numeroso público .
En Estados Unidos la primera película se rueda en 1915, con David Wark Griffith que dirigió El nacimiento de una nación y también España se incorporaba al mundo de la industria cinematográfica. Así, Segundo Chomón sería autor del primer film español: La salida de fieles del Pilar de Zaragoza
También la provincia de Jaén iba a conocer el cinematógrafo. La primera proyección, según el Diario “El Pueblo Católico”, tuvo lugar en la ciudad de Jaén, el 5 de mayo de 1898, en una barraca ambulante, instalada por Antonio de la Rosa, en la Plaza de San Francisco. El mismo Promio lleva a cabo en esta fechas la impresión de las primeras películas en suelo español, que tuvieron una gran aceptación por el público. Un discípulo de Promio, Félix Mosguich, impresionó en 1903 vistas de Jaén, Córdoba, Granada y Sevilla.
El nuevo espectáculo, en sus diez primeros años, se daba a conocer en cualquier sitio, era itinerante y se ofrecía en pabellones cinematógrafos peregrinos por toda la geografía nacional, proyectando las primeras películas en las clásicas carpas o barracas, ocupando un lugar preferente en las ferias y fiestas de ciudades y pueblos, cuando aún no había salas fijas.
En sus primeros momentos el cine era mudo, aunque las proyecciones de las películas siempre han estado acompañadas de sonido y muy especialmente de sonido musical. A veces era un simple pianista tocando conocidas melodías de la época, por lo que la película era acompañada de fragmentos de ópera, valses, polcas, tangos y marchas. Más tarde se introdujeron ruidos, como galopar de caballos, trotes, silbidos de trenes, timbres que sonaban, etc., que daban vida al espectáculo en su recorrido hacia el cine sonoro. Pero pronto se inician los estudios para convertir el cine en sonoro, o sea, perfeccionar la sincronización de la imagen y el sonido. Fueron los norteamericanos los pioneros en realizarlo con discos gramofónicos, siendo Lauste el que realizara el primer film sonoro en 1904, aunque tenía que mejorarse el sistema y sería hacia 1926, cuando la Warner Bross incorpora las novedades técnicas y produce la película comercial “Don Juan”, ya sincronizada con música grabada. Finalmente, sería la noche del 6 de octubre de 1927, cuando en el teatro Warner se exhibió la que se puede considerar como la primera película sonora, “The Jazz Singer” (El cantor de jazz) de Aland Crossland . La primera película española sonora es “La canción del día”, de 1930, que fue realizada en estudios londinenses, bajo la dirección de G.B. Samuelson. A Jaén llegó el cine sonoro hacia 1932, aunque teniendo en cuenta que de los 65 cines registrados en la provincia de Jaén, en vísperas de la guerra civil, más de un 70 por ciento seguían proyectando películas mudas por dos razones: por falta de películas sonoras y por falta de equipos adecuados de los exhibidores. En 1939, la inmensa mayoría del público jiennense seguía fiel al cine mudo . Es curioso, pero entre los festejos que habría en Mengíbar en la Feria en honor de Santa María Magdalena, de 1933, el Alcalde anuncia cine sonoro, “desconocido en el pueblo”.
Lo cierto es que el cine cautivó al público de principios del siglo XX por la sencillez de los temas y la corta duración de las películas. Conforme se iba complicando la técnica, aparecieron unos expertos en el arte de la inventiva y el discurso, los “explicaores”, que revolucionaron el negocio cinematográfico, ya que el público asistía en muchos casos a las barracas más para oír los comentarios del explicador que por las películas en sí. Con el paso del tiempo se impusieron los rótulos explicativos, provocando un gran revés para el oficio del “explicador”. Las películas se hacen más largas y las casas editoras se afanan en producirlas con varios episodios que, en ocasiones, duraban varios días.
José Busch y Florián Rey son los principales realizadores de la industria nacional en los años veinte, aunque no desmerecen Benito Perojo, Fernando Delgado y Eusebio Fernández Ardavín. Tienen gran éxito en esos años las producciones españolas “La verbena de la paloma”, “La casa de la Troya”, “El lazarillo de Tormes”, “El negro que tenía el alma blanca”, que entusiasmaron a los jiennenses de aquellos años veinte La fuerte presencia de películas extranjeras en el cine español fue cada vez mayor. La producción catalana, muy productiva en los primeros años, se paraliza y el control de la industria se centra en Madrid. .

El cinematógrafo no tarda en convertirse en la principal diversión del pueblo, que unos avispados empresarios aprovechan, dispuestos a embarcarse en cualquier negocio nuevo. Los espectadores se aficionan pronto a unas películas basadas en la novedad del espectáculo, en los dramas teatrales del romanticismo tardío, con un estilo bastante tosco y rudimentario. Las clases populares aceptan el nuevo invento como distracción, las medias se interesan por él como curioso, y sin embargo, los sectores intelectuales son más proclives a las representaciones teatrales y no consideran al cine como un fenómeno de interés.

EL CINE EN MENGÍBAR

Resulta bastante difícil precisar la fecha exacta de la llegada del cine a Mengíbar. Nos atrevemos a afirmar que debió de ser hacia 1890, como lo hizo en el resto de las restantes localidades de la provincia, o sea, en las carpas o barracones, que unos avispados empresarios instalaban en los pueblos, principalmente durante las ferias, con el fin de explotar el nuevo invento. Y bien pudo ser uno de ellos Antonio de la Rosa, un empresario ambulante que proyectaba a precios módicos, sobre una pantalla blanca “fantasmagorías”, que no eran sino películas de hadas, sorpresas, transformaciones, trucos y magias. Después llegaron otros con las linternas mágicas, con sus colecciones de cristales, en los que aparecían bellas calcomanías de lindos colores que, al proyectarse, producían atrayentes imágenes de campos, paisaje y figuras de personas de personas y animales, donde el público, por su parte, tuvo posibilidad de admirar el mar, estaciones, ciudades… todo aquello que le aportaba el progreso. Podemos imaginarnos aquellos momentos, en que los mengibareños en masa acudirían a las barracas, instaladas en las afueras de la localidad, principalmente en las eras donde hoy se encuentra el Mercado de Abastos, a presenciar no ya las clásicas y frecuentes representaciones teatrales a las que tan aficionados eran, sino las novedosas proyecciones, maravillándose de lo visto y animando al resto de sus familiares y vecinos a asistir a las mismas. Recuerdo haber oído a mayores que el corral existente frente al Banco Hispano, de la calle Bernabé Vallecillo, también sirvió para instalarse carpas, donde actuaban compañías de teatro, circo y primeras proyecciones cinematográficas.

Autor:
Sebastián Barahona Vallecillo
Cronista Oficial de Mengíbar

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About Mario Silva

Un portugués en Madrid, amante de la Fotografía y los Viajes. Me encanta el Mar. Autor, editor y fotógrafo.

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