LOCALES DE CINE EN MENGÍBAR

LOCALES DE CINE EN MENGÍBAR

En esta publicación D. Sebastián Barahona Vallecillo nos habla de los locales de cine en Mengíbar

LOCALES DE CINE EN MENGÍBAR

Desde 1907 hasta nuestros días, Mengíbar ha contado con varios locales, donde se han proyectado miles de películas, que han servido de distracción y asueto a los mengibareños y mengibareñas de todas las condiciones sociales y edades. Trataremos de dar a conocer cada una de ellas, la mayor parte desaparecidas, por lo que han pasado, con todo derecho, a pertenecer a nuestra historia.

El Salón Vázquez e Imperial

No tardó Mengíbar con tener el primer local cerrado para espectáculos, destinado, primero, a las representaciones teatrales, y después, a las cinematográficas. Ello ocurrió en 1907, y fue debido a la iniciativa de un distinguido mengibareño, muy amante de la cultura, llamado don Adriano Vázquez-Pimentel Torres. Su situación era la calle que, desde Mesones, hoy llamada Manuel de la Chica, llegaba hasta el abrevadero del “Pocillo”. Por haber estado en ella esta sala, esta calle desde entonces será conocida por “Callejón del Teatro”.

Cuentan nuestros mayores que don Adriano construyó el citado local por tener una hija, doña Francisca Vázquez-Pimentel Batmala, que, a poco de nacer, quedó ciega, y quiso que con el teatro o cualquier otro espectáculo se distrajera. Cuando vendió el local a don Sebastián de la Chica Polaina, el señor Vázquez-Pimentel quiso asegurarse que su hija seguiría disfrutando de los espectáculos que se dieran en el local, y en la escritura pública de venta se añadió una cláusula, en la que constaba que su hija, doña Francisca Vázquez-Pimentel Batmala, dispondría de un palco, situado en su propia casa, lindera con el “Salón Vázquez”, desde el que se podría presenciar los distintos espectáculos que tuviesen lugar en el mismo. Falleció doña Francisca Vázquez-Pimentel Batmala el 3 de marzo de 1983, antes de que el cine desapareciera.
El local era bastante amplio, con un aforo de unas trescientas personas, disponía de una verja de hierro para separar las localidades de “preferencia”, provistas de sillas de madera y anea, del área de “general”, con los clásicos “bancos o poyos corridos”, construidos de obra y cemento. En esta zona existía una caseta o cabina para proteger la máquina de proyección y sus accesorios, así como las taquillas de venta de localidades. En el lado opuesto se encontraba el escenario, provisto de unos excelentes camerinos, así como de un moderno atrezo, capaz de poder representarse cualquier obra teatral. En el telón de boca aparecía pintado el “Puente Colgado” de Mengíbar, obra del pintor de Andújar, Aldehuela. Para las funciones de cine, en el escenario se instalaba una gran pantalla. Junto al escenario existía un ambigú, donde se vendían bebidas en los descansos, principalmente gaseosas de bola. Era un local que sólo se utilizaba en verano, por carecer de techo y las paredes estaban cubiertas de hiedra, lo que convertía al local en un lugar placentero y digno de pasar en él varias horas de aquellas noches calurosas del verano mengibareño. También recuerdo que debajo del escenario existía un pozo con el que se regaba el local por las tardes, dándole frescor y buen clima.
Don Adriano Vázquez-Pimentel no debía de ser un hombre de negocios, pues sólo buscó una distracción para su hija ciega, por lo que pronto arrendó el local a un mengibareño enamorado del mundo del teatro, don Juan Santos Galindo Martínez, que alternó su trabajo en el Juzgado Municipal con el montaje de muchas obras de teatro, dirigiendo a lo largo de su vida bastantes grupos de jóvenes. Por su gran afición al teatro, consiguió que por su local pasaran las mejores compañías de teatro que actuaban por entonces en España, aunque, dándose cuenta de que el cine tenía gran porvenir, la mayor parte del verano la dedicaba al cine, reservando el teatro para la Feria y para los momentos que las compañías exigían para su actuación en Mengíbar.
El nuevo arrendatario proyecta en el local, primero, aquellas famosas películas de cine mudo, que tanto gustaban al público y que inmortalizaron, por ejemplo, a Charlot, Harold Lloyd, Laurel y Ardy, Fati el Gordo, etc., y, posteriormente las habladas. También se proyectaron en este salón otras películas famosas del cine mudo, como “Genoveva de Brabante” y “La muerte y resurrección de Cristo”.
Un hijo del empresario, don Diego Galindo Gómez, consigue en el verano de 1924 el carné de Operador cinematográfico, con el que legaliza y colabora en el cine de su padre. El local deja de llamarse “Salón Vázquez” y toma el nuevo de “Imperial”, que perdurará hasta el cierre de este cine. Se conservan en el Archivo Municipal de Mengíbar las distintas autorizaciones de Hacienda para la proyección de distintos lotes de películas.
Uno de los sucesos ocurridos en este local, aunque, afortunadamente, sin consecuencias fatales, tuvo lugar en el verano de 1925, cuando se declaró un incendio en la cabina de proyección, debido a la inflamación de las bobinas de la película. Los espectadores se alarmaron, todos quisieron salir al mismo tiempo por las estrechas puertas del local, y, aunque, felizmente, no hubo muertes, sí hubo heridos y contusionados. Es curioso, pero el 18 de septiembre de ese mismo año, el Ayuntamiento de Mengíbar comunicaba al Gobernador Civil que había ordenado que se colocaran en el local del cine aparatos “avisadores” de incendios. Y es que la noticia del incendio debió de haber llegado a las primeras autoridades provinciales, que abordaron así el remedio para evitar en el futuro otro incendio. También el 2 de septiembre de 1935, el Jefe de Línea de la Guardia Civil informa al Alcalde de la denuncia presentada en el Juzgado Municipal por el empresario, ante el hecho de que unos individuos habían arrojado piedras al local del cine, desde los alrededores del mismo, cuando se estaba proyectando una película. Y también ocurrió un lamentable episodio en una noche, cuando un afamado poeta, llamado Jiménez Marín, recitaba poemas en este cine; un mengibareño, cansado de lo que allí se desarrollaba, bostezó de manera ruidosa. El hecho produjo gran hilaridad en un grupo escaso de los asistentes, aunque el resto se indignó por el triste espectáculo. El recitador, sin darse por ofendido, dirigió al bostezador un elocuente poema, en el que le reprobaba su actuación, lo que provocó grandes aplausos de los asistentes y el bochorno de aquel mengibareño, que abandonó el local, habiendo aprendido la sabia lección.
El precio de las entradas en aquellos años oscilaba poco y era alrededor de 10 céntimos de peseta (una perragorda) los bancos y 25 las sillas, teniendo en cuenta que no todos los días había cine, sino los festivos y pocos días entre la semana.
Hacia 1932 se proyectan películas habladas, como “Sor Angélica”, “El Gólgota”, “Melodías de arrabal”, etc.
En junio de 1941 fallece don Juan Santos Galindo Martínez, y el 19 de noviembre de ese mismo año lo hace don Adriano Vázquez-Pimentel. La viuda de éste decide vender el local del cine y lo hace a don Sebastián de la Chica Polaina en 12.000 pesetas: En la escritura de venta se incluye la cláusula, antes citada, de mantener abierto el palco, mientras viviera su hija ciega, doña Francisca Vázquez-Pimentel Batmala.
El nuevo empresario mantiene abierto el cine “Imperial” todos los veranos, realizando en el mismo bastantes mejoras, aunque permaneciendo el local en su integridad. Alternaban las funciones de cine, proyectándose las mejores películas de cada época, con los espectáculos teatrales o musicales, habiendo pasado por el mismo las más grandes figuras de la canción española, como Antonio Molina, Juanito Valderrama, Adelfa Soto, La Niña de la Puebla, La Paquera de Jerez y un largo etcétera. También recordamos que en el mismo se hicieron hasta veladas de boxeo. Existe documentación del concierto que el nuevo empresario realiza con el Ayuntamiento de Mengíbar. Así, en 1949 era de 3.000 pesetas anuales.
Sería imposible enumerar las películas que se han proyectado en este local en su dilatada historia. Fueron célebres, entre otras, “Sin novedad en el Alcázar”, “La rebelde”, “La pequeña coronela”, “El jorobado de Notre-Dame”, “Tarzán y su hijo”, “Morena Clara”, Los tambores de Fumanchú”, “Raza”, “Romeo y Julieta”, “Don Quijote de la Mancha”, etc.
Gracias a las Revistas de Feria, hemos encontrado otras. Así, para la Feria de 1936, que no se celebró por el estallido de la Guerra Civil, estaba anunciada la actuación de la Compañía de Comedias de Mary Delgado, que iba a representar, entre otras, las siguientes obras: “Morena Clara”, “Atrévete Susana”, “Cuando los hombres son dioses”, “La bola de plata”, y “La cofradía de los amargados”. En 1944, se anunciaba para los días de Feria “El escándalo”. En 1947, lo hace con “Recuerda”. En 1956, “Carne de horca” y “El mejor espectáculo del mundo”. En 1962, “Los bateleros del Volga”, “El pequeño coronel”, “Conspiración de silencio” y anuncia “Guerra y paz”. También en esa Feria estaba programado el espectáculo de variedades “Pregón andaluz”. En 1964, “Los hijos del capitán Grant”, “Siempre tú y yo”, “Ruta de titanes”, “El rastro del asesino” y “Secretaria para todo”.
No quiero dejar de citar un espectáculo que entusiasmó a los mengibareños y que actuó en esta sala en 1948. Fue una compañía italiana de marionetas que hizo las delicias de niños y también de mayores. Llegó para un día y estuvo actuando en Mengíbar una semana, debido al gran éxito alcanzado. Desgraciadamente, no hemos podido averiguar el nombre de la compañía.
Con la expansión del fenómeno televisivo y la aparición de las discotecas y pubs, el cine va a sufrir un gran revés al final de los años ochenta; el público deja de asistir y lleva al cierre de la mayor parte de los locales de cines. Y eso ocurre al Cine “Imperial”, que había abierto sus puertas en 1907, marcando toda una época de Mengíbar. En 1993, don Sebastián de la Chica Polaina vende el local a Ginés López Dueñas, en cinco millones de pesetas, siendo demolido en 1995, construyéndose en el solar unas bellas casas, pero desapareciendo para siempre el cine, aunque, eso sí, permanece el nombre de la calle. “Callejón del Teatro”.

Cine Barranco e Ideal Cinema

Fue el segundo cine de Mengíbar en antigüedad y también era de verano, al no estar cubierto. Estuvo situado en la calle Corredera, en un amplio corralón de una casa propiedad de don Esteban Barranco Cuevas, un agricultor de Mengíbar.
Las primeras noticias de que disponemos son del 4 de junio de 1934, cuando el Ayuntamiento de Mengíbar remite al Administrador de Rentas de la provincia de Jaén el alta de industrial para 20 funciones de cine, por lo que nos atrevemos a decir que este cine nace en esas fechas.
Su amplitud le hizo que se destinara para otros espectáculos, como lo demuestra el hecho de que el 17 de septiembre de 1936, ya iniciada la Guerra Civil, el Ayuntamiento organiza en este local una novillada.
Fue también un local por donde pasaron los grandes “cantaores” de aquellos momentos, como el inolvidable y mítico Pepe Marchena. Cuentan los mayores que Marchena estuvo varios días en Mengíbar y que estuvo trillando en la era de Juan Guerrero Real, conocido por “Juanico el pavo”, haciendo las delicias de los muchos mengibareños que asistieron para oír sus afamados cantes. Para la Feria de 1936 estaban anunciadas en este local las películas “Paloma de mis amores” y “Corazón bandolero”.
Después de la Guerra Civil, este cine no abrió sus puertas, desapareciendo para siempre este histórico salón, que tuvo pocos años de existencia.

Cine España

 Fue el tercer cine de Mengíbar y también sirvió de teatro,  pues disponía también de un escenario, aunque más reducido que el que tenía el “Imperial”. Este local fue construido por don Antonio Sánchez de la Chica, perteneciente a una familia acomodada de Mengíbar, propietarios de un gran almacén de coloniales, “Los Sánchez”, que, por circunstancias adversas y muy extrañas y tras un largo proceso judicial, perdieron todo el capital que tenían en Mengíbar al finalizar la Guerra Civil (1936-1939). Uno de los hijos, don Antonio Sánchez de la Chica, creyendo que el proceso judicial le daría la razón a su familia, construye en 1940 un local para cine y teatro en la antigua bodega del comercio, situada en los bajos de la casa de la calle Ruiz de Alda, donde hoy se encuentra la cafetería “Francis”, al que bautiza con el nombre de “España”, muy en consonancia con las circunstancias de aquellos momentos. Se accedía al local por la calle Ruiz de Alda, tras pasar un vestíbulo, donde, a la izquierda,  estaba la cabina de proyección y las taquillas de venta de localidades, y las puertas de entrada a las localidades de “general”, con bancos de cemento, y, por otra, cercana al bar, a las localidades de “preferencia”, con sillas de anea. La salida del cine se hacía por tres puertas a la calle Real. Dentro del local había al fondo, a la derecha, un pequeño ambigú, que funcionó poco, ya que en el vestíbulo, antes citado, existía un célebre bar, que fue autorizado por el Gobernador Civil de la provincia, con fecha 8 de noviembre de 1940. Después, este bar estuvo regentado por varios industriales de Mengíbar, como Juan Manuel Camacho y Sebastián Vallecillo Polaina. Posteriormente, lo fue por la familia Cuenca, padre e hijo, recibiendo entonces el nombre de “El Chicuelo”, estando abierto hasta finales de la década de los años cincuenta.

Los mayores me han contado que fueron operadores de este cine en su primera época, siendo empresario don Antonio Sánchez de la Chica, un joven, llamado Santiago, hijo de Máximo, un Guardia Civil que entonces estaba en el Puesto de Mengíbar y un electricista, llamado Valeriano Pérez. Después lo fueron Fidel Sánchez Campos y el dueño del cine.

El hecho de que Mengíbar contase un local  de teatro y cine en  invierno, hizo que la afluencia de espectadores fuese grande y constante, como lo demuestra el hecho de que el Ayuntamiento comunique al empresario, el 24 de julio de 1941, que se abstenga de vender más entradas de las del aforo, en evitación de sanciones. Ello nos demuestra que este local tenía actividad incluso en verano, a pesar de ser un local cerrado, donde haría bastante calor. Y es que los mengibareños quieren divertirse, después de aquellos años penosos de la guerra civil. Y el 9 de agosto del mismo año, el Alcalde de Mengíbar ruega al Comandante de Puesto de la Guardia Civil que envíe una pareja de guardias al Cine España, para que efectúe servicio de orden público y garantizar el orden.

Don Antonio Sánchez de la Chica ha de dejar la casa y el negocio del cine, tras haber tomado posesión por orden judicial doña Teresa Pastor Piorno, por lo que don Sebastián de la Chica Polaina arrienda el cine España en 1943, llevando, por consiguiente, los dos cines que existían en Mengíbar, el Imperial, de verano, y el “España”, de invierno. Hemos sabido que don Antonio Sánchez de la Chica falleció en Madrid, en 1952.

En 1956 aparece en Mengíbar don Santiago Colomer Sandoval, un personaje que va a ser bastante popular en Mengíbar. La causa de su venida fue por haber adquirido la casa que había pertenecido a la familia “Los Sánchez”, tras  la cesión de la misma por doña Teresa Pastor Piorno a un abogado, el señor Murga, a cambio de sus honorarios por el pleito con la familia Los Sánchez. Con la compra de la casa también adquiere, por consiguiente, el cine “España”, que don Santiago Colomer quiere llevar por su cuenta, por lo que, después de varias negociaciones con don Sebastián de la Chica Polaina, éste deja el arrendamiento del cine, iniciándose una nueva etapa del cine en Mengíbar.

 

Podríamos escribir mucho de esa primera etapa que finaliza. Fueron los años de mi niñez, por lo que la recordamos con mucho cariño. No puedo dejar de citar la figura de Miguel Martínez Molina, más conocido por “Miguelico”. Fue todo un personaje en Mengíbar. No tenía oficio ni beneficio y se dedicaba a subir paquetes o bultos desde la estación de ferrocarril o la “Venta” a los comercios o particulares, malviviendo de las propinas que recibía por los servicios de transportes con su “carrillo de mano”. Pero estamos hablando de cine y “Miguelico” era el encargado de subir y bajar las películas a la estación o autobuses de línea, colocar las “carteleras”, barrer los dos cines, etc. Además de su gratificación, tenía libre acceso a los dos cines, convirtiéndose en un gran aficionado a las películas del “Oeste”. Recuerdo como al día siguiente del estreno nos la contaba, a su manera, a los niños, en la plaza de la Constitución. Por el contrario, Miguel  no era muy aficionado al agua y al jabón. Últimamente vivía solo, ya que su hermana se marchó a Barcelona, siendo los bancos de la plaza en verano su habitual residencia. Los niños lo apreciábamos y nos tenía informados de los futuros estrenos de películas. Tenía además una obsesión: los mecheros, entonces, no tan corrientes, por lo que gastaba mucho dinero en adquirir los más novedosos, incluidos los que llevaban ciertas escenas obscenas, lo que le ocasionó, con frecuencia, regañinas de personas influyentes, como el párroco de San Pedro Apóstol, don Juan Antonio López Valero. Murió solo, como había vivido, en Jaén, en el Hospital Provincial, el 19 de diciembre de 1964, con 39 años

Un gran humorista de aquellos años, don Cristóbal Cobo Rodríguez, Maestro Nacional en ejercicio en Mengíbar, publicó en la Revista de Feria de 1947 una maravillosa semblanza de este hombre, que bien refleja su persona. De ella, destacamos estas estrofas:

Cara alegre, sonriente,

enseñando la pechuga,

para acudir a los trenes

a diario va y madruga.

Algún churrete que otro,

-eso en él no es cosa rara-

pues hace unos cuantos años

que no se lava la cara.

Y aunque le salen enchufes

y le procuran trabajo

prefiere tomar el sol

panza arriba o panza abajo.

 

También recuerdo al maquinista del cine, Fidel Sánchez Campos. Trabajaba en el Salto del Guadalquivir con la Compañía Sevillana y era un hombre con gran sentido del humor. Cuando la película estaba en el momento más emocionante, él se las arreglaba para que la pantalla se quedase en negro unos segundos, consiguiendo un chiflido general  de los espectadores y, por consiguiente, el enfado del empresario. Fidel disfrutaba de lo lindo, se reía y pronto llegaba de nuevo la luz a la pantalla, consiguiendo el silencio en la sala. Entre los porteros del cine, recuerdo a “Pacho”, que trabajaba el campo del empresario, y a José Martínez, que después sería guarda del parque y conserje del Ayuntamiento.

 

La propaganda de las películas se hacía con aquellos clásicos programas de mano, que “Miguelico” repartía los domingos, en la puerta de la iglesia de San Pedro, a la salida de la misa de doce, y con las “carteleras”, que se colocaban en la plaza de la Libertad, en la fachada de la casa de Sebastián Polaina de la Chica, junto a la puerta de la tienda de tejidos, y en la plaza de la Constitución, junto a la puerta de la tienda de frutas de Espiritusanto. Eran de madera, pintadas en negro, y en ellas se especificaban el día, la hora, el título de la película y el precio de las entradas. En la plaza de la Constitución se colocaban, junto a la anterior, varias fotografías o afiches de la película anunciada, las que más podían llamar la atención del espectador y animarle a presenciarla, por lo que era  conveniente verlas para decidirse a ir esa noche al cine.

Ante la falta de otras diversiones, asistía mucha gente a los cines, especialmente los domingos y días de fiesta y, aunque las entradas se vendían en las taquillas del cine, cuando llegaban las grandes fiestas, como Navidad, Carnaval, Feria, etc., en las que eran muchas las personas que pretendían ir al cine, las entradas se vendían por las mañanas en la casa del empresario, por lo que la sala se numeraba y así no había que hacer cola en la puerta del cine. Esos días de fiesta había dos sesiones, la de tarde y la de noche.

 

¿Qué películas presenciaron los mengibareños en estos cines? Podemos hacer una relación, bastante aproximada,  de las películas más famosas que tanto gustaron en Mengíbar, gracias a dos productoras españolas que hicieron posible la distribución de las películas en España.: CIFESA, que nace en 1932 y que producirá películas tan famosas, como La hermana San Sulpicio, Nobleza baturra, Locura de amor y El último cuplé, en las que intervinieron aquellos grandes actores españoles, como Manuel Luna, Rafael Durán, Alfredo Mayo, Luis Peña, Aurora Bautista, Amparo Rivelles…

Otra Productora,  “Filmófono”, creada  en Madrid por Ricardo Urgoitia, que tuvo como socio fundador a Luis Buñuel, también produjo célebres títulos como “Don Quintín el Amargao” y “La hija de Juan Simón”.

Acabada de la Guerra Civil (1936-1939), José Luis Sáenz de Heredia realiza unos documentales patrióticos, como “El desfile de la Victoria”, “Traslado de los restos de José Antonio” y “Vía Crucis del Señor en Tierras de España”.

También “Cifesa” seguirá produciendo una larga serie de películas españolas que marcaron aquella época. En Mengíbar, entre otras muchas, triunfaron, especialmente:

 1941

Porque te vi llorar de Juan de Orduña

1942

Malvaloca de Luis Marquina

Raza de José Luis Sáenz de Heredia

A mí la Legión de Juan de Orduña

Canelita en rama de E. G. Maroto

1943

El escándalo de José Luis Sáenz de Heredia

Eloisa está debajo de un almendro de Rafael Gil

1944

El clavo de Rafael Gil

1945

La pródiga de Rafael Gil

Los últimos de Filipinas de Antonio Román

1946

Reina Santa de Rafael Gil

La princesa de los Ursinos de Luis Lucia

Fuenteovejuna de Antonio Román

1947 

La fe de Rafael Gil

La Lola se va a los Puertos de Juan de Orduña

1948

Sabela de Cambados de Ramón Torrado

Currito de la Cruz de Luis Lucia

El tambor del Bruch de I. F. Iquino

El capitán de Loyola  de José Díaz Morales

Locura de amor de  Juan de Orduña

1949

La Duquesa de Benamejí de Luis Lucia

Un hombre va por un camino de Mur Oti

1950

Pequeñeces de Juan de Orduña

La noche del sábado de Rafael Gil

Agustina de Aragón de Juan de Orduña

De mujer a mujer de Luis Lucia

Teatro Apolo de Rafael Gil

1951

La Señora de Fátima de Rafael Gil

Alba de América de Juan de Orduña

La leona de Castilla de Juan de Orduña

Surcos de J. A. Nieves Conde

La niña de la venta de Ramón Torrado

La trinca del aire de Ramón Torrado

Lola la piconera de Luis Lucia

1952 

Bienvenido,  Mr. Marshall de Berlanga

La hermana San Sulpicio de Luis Lucia

La laguna negra de Arturo Ruiz Castillo

Los ojos dejan huella de José Luis Sáez de Heredia

Sor intrépida  de Rafael Gil

Gloria Mairena de Luis Lucia

El Judas de I. E. Iquino

La estrella de Sierra Morena de Ramón Torrado

1953

El alcalde de Zalamea de J. G. Maeso

La guerra de Dios de Rafael Gil

El pescador de coplas de Antonio del Amo

Aeropuerto de Luis Lucia

Condenados de Mur Oti

Carne de horca de Ladislao Vajda

El Pórtico de la Gloria de R. J. Salvia

Congreso en Sevilla de A. Román

Pena, penita, pena de Miguel Morayta

Jeromín de Luis Lucia

1954   

Morena Clara  de Luis Lucia

Un caballero andaluz  de Luis Lucia

Aventuras del barbero de Sevilla de Ladislao Vajda

Viento del norte  de Antonio Momplet

La danza de los deseos  de Florián Rey

Zalacaín, el aventurero  de  Juan de Orduña

Sucedió en Sevilla  de G. Maeso

El Padre Pitillo  de Juan de Orduña

Crimen imposible  de  C. F. Ardavín

Murió hace quince años  de Rafael Gil

Marcelino Pan y Vino  de Ladislao Vajda

El beso de Judas  de Rafael Gil

Muerte de un ciclista  de  J. A. Bardem

1955

La gata  de M. Alexandre y R. Torrecilla

Limosna de amores  de Miguel Morayta

La fierecilla domada  de Antonio Román

Recluta con niño  de Pedro L. Ramírez

El canto del gallo  de Rafael Gil

La lupa  de Luis Lucia

1956     

Los ladrones somos gente honrada   de I. F. Iquino

Esa voz es una mina  de Luis Lucia

El pequeño ruiseñor  de Antonio del Amo

Faustina  de Rafael Gil

La herida luminosa  de Tulio Demicheli

Río Guadalquivir  de E. Manzanos

Calabuch  de García Berlanga

Fedra  de Mur Oti

La vida en un bloc  de Luis Lucia

Manos sucias  de J. A. de la Loma

Calle Mayor  de J. A. Bardem

1957

La hija de Juan Simón  de Gonzalo Delgrás

María de la O   de Ramón Torrado

Los amantes del desierto  de León Klimovsky

La venganza  de J. A. Bardem

El último cuplé  de Juan de Orduña

Amanecer en Puerta Oscura  de J. María Forqué

1958

Una muchachita de Valladolid  de L. C. Amadori

La violetera  de L. C. Amadori

La muralla  de Luis Lucia

Un vaso de whisky  de Julio Coll

Quince bajo la lona  de Agustín Navarro

1959

El Cristo de los Faroles  de Gonzalo Delgrás

Las chicas de la Cruz Roja   de R. J. Salvia

Molokai  de Luis Lucia

El día de los enamorados  de Fernando Palacios

Carmen la de Ronda  de Tulio Demicheli

La fiel infantería   de Pedro Lazaga

Salto a la gloria  de León Klimovsky

Siempre es domingo  de Fernando Palacios

Plácido  de Berlanga

1960

Melocotón en almíbar   de Antonio del Amo

La paz empieza nunca  de L. Klimovsky

Altas variedades  de Rovira Beleta

Mi último tango  de Luis César Amadori

¿Dónde vas triste de ti?  de Alfonso Balcázar

El cochecito  de Marco Ferreri

El príncipe encadenado  de Luis Lucia

1961

Los cuervos   de Julio Coll

La venganza de don Mendo  de F. F. Gómez

1962

Atraco a las tres  de  J. Mª Forqué

Rogelio  de Rafael Gil

Aprendiendo a morir  de Pedro Lazaga

Bochorno  de Juan de Orduña

La bella Lola  de A. Balcázar

1963

Marisol rumbo a Río   de F. Palacios

Del rosa al amarillo  de M. Summers

El sabor de la venganza  de Romero Marchent

Los tarantos  de Rovira Beleta

El verdugo  de L. G. Berlanga

Samba  de Rafael Gil

Chantaje a un torero  de Rafael Gil

La verbena de la Paloma de Sáenz de Heredia

La niña de luto  de M. Summers

Llanto por un bandido  de Carlos Saura

La tía Tula  de Miguel Picazo

 

Este entrañable local, de tantos recuerdos para los mengibareños, una vez que dejó de ser salón de cine, fue adquirido, junto al resto de la casa, salvo los cines “Capitol”, por don Andrés Párraga Vílchez, que construyó el famoso bar “Avenida”, regentado por don Blas Moya Vílchez. Y el antiguo salón del cine “España” pasó a ser salón para el citado bar, destinado primero para bodas y reuniones, y más tarde, para discoteca.

 

El Noticiario NO-DO

Hemos de recordar, forzosamente, aquel famoso informativo  o noticiario que recogía las noticias más importantes de la vida nacional, el NO-DO. El 17 de diciembre de 1942, la Vicesecretaría de Educación Popular daba la orden de la creación  del noticiario español NO-DO.  En el primer artículo de su orden reguladora decía: “A partir del día 1º de enero de 1943  no podrá editarse en España, sus posesiones y colonias  ningún Noticiario Cinematográfico Español que no sea NO-DO” Así, el noticiario NO-DO, cuya proyección se ordenaba como obligatoria en todos los locales de exhibición, se convirtió, de hecho y de derecho, en un monopolio estatal.

El 4 de enero de 1943, se proyectaba en los cines españoles el primer NO-DO, iniciándose así su exhibición en todas las salas españolas con carácter obligatorio, privilegio que ostentaría  como reportaje cinematográfico hasta el 22 de agosto de 1975, en que cesa la obligatoriedad. Desde 1943 hasta 1975 fueron exhibidos 4.016 programas de NODO en los cines de toda España. Desde el punto de vista profesional tenían una gran calidad y, en general, fueron muy apreciados por los españoles, especialmente, cuando ofrecía deportes, en una época en que no había telediarios.

El NO-DO es hoy un documento imprescindible para conocer y entender unos años clave de la historia de España

 

Cines “Capitol”

Con la llegada a Mengíbar de don Santiago Colomer Sandoval, en 1956, el cine va a cambiar en la localidad. Como dijimos antes, se queda con el cine “España”, al ser la casa ahora de su propiedad, y sigue proyectando películas, como lo demuestra el hecho de que el 1 de junio de ese año llega a un acuerdo con el Ayuntamiento de Mengíbar para pagar 325 pesetas mensuales por las proyecciones de cine.  Pero don Santiago Colomer tiene planes más ambiciosos, quiere dotar a Mengíbar de mejores salas, por lo que pronto proyecta la construcción de una nueva sala de invierno y otra de verano, ambas en la casa recién adquirida. La primera sería construida en lo que fue fábrica de aceite y la segunda en un gran patio, recibiendo las dos el nombre de “Capitol”, quizá tratando de rememorar uno de los mejores cines de Madrid. Efectivamente, el nuevo cine “Capitol” de invierno es inaugurado el 2 de octubre de 1958. Constituyó una gran novedad, pues, entre otras contaba con cómodas butacas de madera y una moderna máquina de proyección, marca Ossa, que evitaba los tan incómodos cortes de las máquinas antiguas. Adosado al cine construyó un bar moderno y espacioso, también llamado “Capitol”, por lo que en los entreactos el público no tenía que salir a la calle para tomar un refresco.

Igualmente construye el cine de verano, también llamado “Capitol”, un local amplio, que tenía la entrada por la calle Real, más abajo que el de invierno, dotándole también de butacas metálicas y modernas máquinas de proyección.

Entre los operadores de esta empresa, hemos de citar a Fidel Sánchez Campos, Eufrasio Pérez y José Martínez Checa.

Pero la novedad del nuevo empresario consistió en traer a Mengíbar las mejores películas que se estrenaban en España en aquellos momentos, por lo que el público se entusiasmó y aficionó al cine, resultando difícil poder conseguir entradas para los domingos y días de fiesta, formándose largas colas para entrar, teniendo que poner orden la Guardia Civil o la Guardia Municipal. En 1961 los precios de las entradas oscilaban desde 1 a 7 pesetas. En 1963, los precios eran de 5 pesetas los días laborables, y 7 pesetas los domingos y festivos,  y el Ayuntamiento se vio en la necesidad de ordenar a los empresarios que se abstuvieran de colocar sillas supletorias en los pasillos de los cines.

 

El cine “Capitol” de verano fue vendido a Fernando Torres Navarro y Juan Caballero Valenzuela hacia 1963, adquiriendo este, en 1966, el de invierno y, posteriormente, la totalidad del de verano.

Como dato anecdótico, podemos citar que el 10 de junio de 1963, Fernando Torres Navarro, propietario del cine “Capitol” de verano solicita del Ayuntamiento de Mengíbar que se le autorice fijar el precio de 10 pesetas la butaca para la película “Éxodo”, que proyectará el día 13,  por su elevado precio. El Ayuntamiento le niega en principio la petición, aunque después lo autorizará.

También en las Revistas de Feria se anunciaron las películas que iban a ser proyectadas en esos días festivos. Así, en 1956, año en que se inicia este cine estaban programadas “El príncipe valiente” y “El diablo de las aguas turbias”, haciendo saber que este cine estaba dotado de la instalación más moderna de cinemascope, la última inventiva e innovación en el campo de la cinematografía. La empresa anuncia también los próximos estrenos de “Ulises”, “Pan, amor y fantasía”, “Vacaciones en Roma”, “La princesa de Éboli”, “Como casarse con un millonario”, “Cuerda de presos”, “Desirèe”, “Sinuhe el egipcio”, “Un grito en el pantano”, “Decisión a media noche”, Hombre o diablo”, “Nuestros tiempos” y “Moulin Rouge”.

También en 1957 vemos el anuncio de la programación para los día de Feria: “Yo maté”, “Coraza negra”, “Tanganica”, “La bella desconocida” y “Una aventura en Macao”.

En 1960, la programación la formaban las películas “Los vikingos”, “Los indomables”, “Loco por el circo” y “Noches de Cleopatra”. También anuncia algunas de las próximas películas a estrenar durante la temporada en ese cine: “Con la muerte en los talones”, “Los hermanos Karamazov”. “La gata sobre el tejado de zinc”, “Rojo atardecer”, “Mesas separadas”, “Fugitivos”, “Torpedo”, “Testigo de cargo”, “Sayonara”, “Intriga femenina”, “Río bravo”, “Himno de batalla”, “El sexto fugitivo”, “La esclava libre”, “El bandido de Zhobe” y “David y Goliat”.

Para los días de la Feria de 1963, la empresa programa: “Traición en Atenas”, “Marco Polo”, “La momia” y “El indómito”.

En 1964, el repertorio estuvo formado por “Una parisina”, “Pistolas en la frontera”, “Las minas del Rey Salomón”, Mundo de noche”, “Desayuno con diamantes” y “Escándalo en las aulas”.

En 1965, además de las distintas sesiones de cine, destaca la actuación del espectáculo “Teatro cubano”.

No podemos olvidar en el cine de verano de esta empresa, durante los años 1969 y siguientes, la actuación de prestigiosas compañías de teatro, como “Tirso de Molina” y Ruiz de Alarcón”, dentro de los Festivales de España, patrocinadas por el Ministerio de Información y Turismo y organizados por el Ayuntamiento de Mengíbar, que representaron las mejores obras del teatro nacional e internacional y que tanto agradaron a los mengibareños.

 

Cine “Avenida”

Es el único cine de invierno de Mengíbar que se mantiene en pie, aunque, cerrado para proyecciones cinematográficas. Fue construido por don Sebastián de la Chica Polaina, dueño y empresario del cine de verano “Imperial”. Está situado en la calle Real, entonces llamada “Avenida de José Antonio”, de donde, muy probablemente, tomara su nombre, frente a la cochera de Palacio, en un solar que había sido propiedad de la familia Cuartara.

El proyecto del arquitecto de Jaén, don Manuel Millán, fue aprobado por el Gobernador Civil de la provincia de Jaén, el 30 de abril de 1958, aunque el nuevo cine no se inaugura hasta el 3 de diciembre de 1960, proyectándose ese día la película “Los 7 magníficos”. Nos atrevemos a afirmar que ha sido el mejor de los cines que ha tenido Mengíbar, con una elegante fachada, un amplio vestíbulo, un espacioso patio de butacas y varios palcos en una planta superior, junto a la cabina de proyección. Los hijos del empresario intervinieron, junto a sus padres, en la proyección de películas, venta de entradas, etc. En esta sala se proyectaron también las mejores películas del momento.

El 7 de diciembre de 1963, el Gobernador Civil autoriza al empresario de este cine que pueda subir una peseta el precio de la entrada para la película “El Cid”, que está programada su proyección en esta sala.

Como operadores de esta empresa estuvieron los hijos del empresario, principalmente los mayores, Deogracias y Francisco de la Chica Bueno,

Este local se utilizó también para los muchos actos que vivió Mengíbar, siendo Alcalde don Andrés Párraga Vílchez, destacando el de la entrega a Mengíbar del Primer premio de embellecimiento de los pueblos del Santo Reino, el  4 de enero de 1961, al que asistió doña Carmen Polo, esposa del entonces Jefe de Estado, don Francisco Franco, así como las distintas autoridades locales y provinciales.

Como el resto de los cines de Mengíbar, en los primeros años de la década de los noventa, este cine cerró sus puertas, al dejar de ser rentable, por la competencia de la televisión, “pubs” y discotecas. No obstante, en la Semana Santa de 1995, Deogracias de la Chica Bueno, hijo del empresario, vuelve a abrir este cine, proyectándose las mejores películas de aquel momento, aunque en 1996 vuelve a suspender su actividad, cerrando definitivamente.

 

Cine Orisaga

Fue el último cine de Mengíbar en abrir sus puertas. Estuvo situado en la calle Corredera y su propietario fue don Pascual García Sánchez, un industrial de Mengíbar, propietario de una panadería y una tienda de ultramarinos, en la calle Pompa. El nombre de Orisaga viene de la fusión del antiguo topónimo, donde se construye el cine, “Ori”, y  las primeras letras de los apellidos del propietario, aunque invertidos, “sa” y “ga”, resultando Orisaga.

Es construido en  1963 y fue un cine bastante original, ya que en sus primeros momentos fue de verano, con la particularidad de que estaba techado en su mitad, lo que hizo posible,  un año más tarde, que se pudiese utilizar en invierno, cerrándose lo techado, al norte, con una pared desmontable, donde estaba la pantalla, siendo autorizado el empresario para ello por las autoridades locales, el 13 de febrero de 1964.

En la historia de este cine hay que destacar que el 8 de febrero de 1965, el Ayuntamiento de Mengíbar acuerda que el próximo sábado, a las 21 horas, se proyectará en el cine Orisaga, en “función de gala”, una película que tuvo gran éxito en aquellos momentos “Franco, ese hombre”.

También se hizo célebre este local por la actuación en el mismo de los mejores artistas de espectáculos flamencos y de variedades de aquellos momentos,  haciendo que su mucho aforo resultase insuficiente para los muchos espectadores que querían asistir a presenciarlos.

La inauguración de este nuevo cine hace que Mengíbar contase con tres cines de invierno y otros tres de verano, por lo que la competencia fue enorme, haciendo que los precios de las entradas bajasen hasta precios verdaderamente insospechados, por lo que los mengibareños iban al cine, a ver excelentes películas  por una peseta.

En las Revistas de Feria de Mengíbar esta empresa anuncia en 1963 las películas para los días de Feria: “Hatari”, “Juanito”, “La gran guerra”, “Es grande ser joven”, “Las ruinas de Babilonia”, “Motín en el Defiant” y “El mayor espectáculo del mundo”.

En 1964, el anuncio es de un espectáculo de flamenco y variedades, con la actuación de Emilio el Moro, Enrique Montoya, Curro de Utrera, Manolo el Malagueño, Los Tarantos y Soledad Montes.

En 1963, este cine acogió la actuación de Los Festivales de España de teatro, con la actuación de la compañía “Ruiz de Alarcón”.

Este cine cierra sus puertas hacia 1967, cuando empieza a notarse la crisis en esta industria. Fue operador del mismo Eufrasio Pérez, que antes lo fue del “Capitol”.

 

Cine en la Piscina de don Manuel Párraga Vílchez

No podemos olvidar otro lugar donde se proyectó cine. En 1964, un emprendedor mengibareño, don Manuel Párraga Vílchez, construyó una piscina pública, que causaba admiración a los mengibareños y a cuantos forasteros la visitaban. El 7 de junio de 1965, su dueño quiso completar los servicios de la piscina con un cine de verano en el citado complejo, solicitando del Ayuntamiento de Mengíbar el permiso correspondiente. Para ello, llegó a un acuerdo con don Sebastián de la Chica Polaina, dueño de los cines “Imperial” y “Avenida”, que arrendó el citado local para cine, por lo que durante varios veranos los mengibareños pudieron gozar de un nuevo cine de verano en un local fresco y muy adecuado para pasar una buena velada.

 

Autor:
Sebastián Barahona Vallecillo
Cronista Oficial de Mengíbar

 

Todas las publicaciones sobre Mengíbar las puedes encontrar en nuestra página Fotografías de Mengíbar

About Mario Silva

Un portugués en Madrid, amante de la Fotografía y los Viajes. Me encanta el Mar. Autor, editor y fotógrafo.

Comentarios de Google+